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Y a pesar de todo estaba orgullosa, porque aunque esas cicatrices me seguirían para toda la vida, estaba orgullosa de tenerlas; porque a pesar de que fui débil por no luchar contra ese impulso, fui lo suficientemente fuerte como para no suicidarme. Y créeme, no es una tarea fácil ya que los suicidas tenemos que tener mucho valor y coraje para seguir viviendo. Y sí, es verdad…muchas veces quise terminar con todo. Pero ¿sabes qué es lo bueno? que a pesar de toda la mierda, no me dí por vencida.